Perdono a mi desastre por haberme llevado a ti,
palpito entre los instantes, en que el laberinto me ha dejado salir.
Siempre he estado con un paso en la tierra y otro más allá,
pero cuando te observo apagando estrellas, en éste planeta me quiero anclar.
El frío cómo siempre aturdiendo mis mañanas,
incitando a tus caricias, para que sean el sol que caliente mis entrañas,
es allí, donde mis lágrimas en conjunto con la transparencia,
se fusiona con mi alma y tu hermosa presencia,
recorriendo paisajes que creía inexistentes,
cabalgando sobre suaves cascos,
difuminando espacios divergentes,
hasta llegar al espejo,
donde posan nuestros más lindos reflejos
que nunca se han visto tan bonitos,
cómo cuando despierto entre tus brazos..libres e infinitos.
0 comentarios:
Publicar un comentario