A punto de desangrarme y ahogar a la paloma de la paz,
me bajaste de la cruz y la pusiste a volar
cómo ninguna otra supo.
De dónde sacas las fuerzas que me das,
cuándo tu presencia me visita,
siento la gloria existencial.
Adicto a tu sonrisa porque parece un gran colchón,
que me salva de una caída desde el gran cañón.
Los días pasan y no se hasta dónde llegaré,
pero mi meta sigue siendo tu piel,
Se que la sensación que siempre quise sentir,
ha sido la que viene recorriendo mi cuerpo,
desde que me enamoré de ti.
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